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Chistes de Judíos II
 

Abraham había tenido un gran accidente y quedó inconsciente. Lo llevaron al hospital, dónde de a poco se estaba recomponiendo. Su amigo Aaron lo fue a visitar.
- Abraham, tengo que darte dos noticias, una buena y otra mala.
- Bueno, comenzá por la mala.
- Te van a tener que amputar los pies.
- ¿ Y la buena ?.
- Que el hombre de la cama de al lado te va a comprar los zapatos.
 
 
" No vas a creer lo que pasó - Samuel le contaba a un amigo -. Resulta que ya de muy chico a mí me gustaba el reloj de oro de papá. Siempre lo quise tener y él me decía que algún día sería mío. Pasaron los años, crecí y yo siempre pensaba en el reloj. Ya de grande pasó a ser casi una obsesión. Me casé, vivía en otra casa, pero mi mente se trasladaba casi a diario al sitio dónde mi padre guardaba la reliquia. Un día me llamaron de urgencia, porque mi padre estaba internado en el hospital. Allí estaban mis ocho hermanos. Cuando quedé a solas en el cuarto con mi papá, con sorpresa ví que en un rincón de la mesa de luz estaba el bendito reloj. No era el mejor momento para decirle algo, pero le recordé a mi viejo mi sueño de toda la vida de poseerlo.
Y no vas a creer en esas casualidades, vos sabés que un minuto exacto antes de morir me lo vendió ".
 
 
 
Era un judío veterano de cien años, muy achacado, pero no quería morir para no dar ni el último suspiro.
 
 
- ¿ Sabés por qué en Israel prohibieron los penales ?.
- No.
- Porque no les gusta tirar nada.
 
 
 
La señora le dice al esposo.
- Querido dame plata que tengo que ir al oculista.
- ¿ Qué te anda ocurriendo ?.
- Veo todo nublado, veo todo nublado.
- No hay que gastar, ya va a llover, ya va a llover.
 
 
 
En las escalinatas de una iglesia católica, los domingos, estaban dos mendigos. Uno tenía una remera que decía " católico " y el otro, una blusa que decía " judío ". Al primero las cosas le iban muy bien. La gente le obsequiaba pesos, dólares, alhajas, etc. En cambio al segundo nadie le daba nada. Más aún, había personas que parecían ensañarse, le daban al católico, se daban vuelta y miraban sobre el judío sin dejarle nada. Una tarde una viejita se conmovió del mendigo israelí.
- Vea, buen hombre, usted está en un mal lugar para prtender que le den cosas. Incluso hay gente que por fanatismo le da a propósito más de lo que puede al otro mendigo, para que usted vea y sufra. ¿ Por qué no va a una sinagoga ?. Ahí le va a ir mejor.
- Gracias, señora por el consejo.
Cuando la señora se alejó, el mendigo judío se acrecó al católico y le dijo al oído:
- Mirá vos Jacobo, ¡¡ a nosotros, justo a nosotros, nos van a enseñar de marketing!!.
 
 
 
- ¿ Sabés cómo disuelven las manifestaciones en Israel ?.
- Ni idea.
- La policía sale con alcancías.
 
 
- Querido, nunca me compraste un vestido, un tapado, una cartera, o un par de medias.
- Querida, nunca supe que te habías instalado una boutique.
 
 
Era un judío tan amarrete, que en Nochebuena subió a la azotea, tiro dos tiros al aire y le dijo a los chicos que Papaá Noel se había suicidado.
 
 
- ¿ Sabés por qué los judíos van por el año cinco mil y pico ?.
- No sé.
- Por los intereses.
 
 
- ¿ Sabés cuando un perro es judío ?.
- Desconozco.
- Cuando le tirás un palo y te devuelve novecientos.
 
 
 
Abraham estaba en el cine viendo una película. En eso empezó a gritar.
- ¡ Un momento, paren la película, los leones se comen a la gente, los leones se comen a la gente!.
El acomodador lo tranquilizó diciéndole que este era un film de la época romana, cuando los leones se comían a los cristianos en el circo. Siguió la proyección y a los pocos minutos Abraham volvió a gritat.
- ¡ Paren la película, el león de la izquierda no come!.

 

 

 

 

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