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De animales

El loro del empresario Juan era muy mal hablado y, acostumbrado a reuniones de hombres solos, sabía toda la gama de cosas indecibles. Un día a Juan se le presentó una reunión importante, y no sabía qué hacer con su animalito por temor a quedar mal. Lo consultó con un cura amigo y éste le dijo:

–Ya tengo la solución para tu problema. En la parroquia tengo dos cotorritas hermosas. Son puras, castas, tienen buenos modales encima rezan el Rosario todo el día. Yo te ofrezco que me traigas el loro a la parroquia para que conozca a las cotorras y así aprenda buenos modales y se regenere.

Juan aceptó; fueron a buscar al pájaro y lo llevaron a la parroquia en una jaula. Atravesaron el patio y de lejos observaron a las cotorras, que justo en ese momento, estaban rezando. Una de ellas divisó al loro y la tocó a su compañera:

–¡Pepa, Pepa, dejá de rezar que ya se hizo el milagro!

 

***

 

En una enorme mansión un millonario cobijaba y criaba a varios animalitos, algunos exóticos. El guardián de la casa era el encargado del cuidado, mantenimiento y aseo de todos. Un día de invierno, el guardián le dice al dueño:

–Anoche se murió la nutria congelada.

–¿Cómo es posible? Ten precaución y abriga bien a los bichitos.

Al día siguiente se repite la escena.

–Señor, tengo que decirle que anoche, y pese al cuidado, murieron de frío tres ardillas.

–¡Pero, por favor! Concéntrate en tu tarea y dales más abrigo.

Con los días se repitió la escena con cuatro gatos, tres perros y dos conejos. Hasta que el millonario le advirtió al guardián:

–Esta noche va a hacer mucho frío, por favor te pido que tengas especial cuidado con el elefante blanco, que es el único en el mundo.

Al día siguiente el hombre, muy compungido, se acerca a su amo.

–¿Qué te pasa que traes esa cara? ¡No me digas que le paso algo al elefante blanco!

–No, amo, eso no. Ocurre que lo tapé con quince frazadas y le puse diez estufas a su alrededor. Cuestión que durante la noche, transpiró tanto, tanto que se ahogaron veinte monos. 

 

***

 

Se encuentran dos focas, y una le dice a la otra:

–¿Qué te pasa que andás con esas ojeras?

–Es que tuve al foco prendido toda la noche

 

***

 

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